...En un arranque de vanidad me paro, me siento, mis ojos se fijan en las gentes (personas anónimas) de vienen y van; hice lo mismo hace diez años, mismo lugar, mismo asiento público y, seguramente coincidirán muchas de las gentes. ¿Quiénes de todos repiten curso?, ¿Qué prósperidad han tenido desde mi última visita a este mismo sitio a la misma hora?. Los edificios apenas cambiaron, quizás mejoró alguno y otro necesita una pintura en la fachada, un tejado nuevo, ventanas de aluminio que hacen contraste con el entorno, una serie de detalles insignificantes para las insignificantes gentes.
El paso del tiempo sólo hace repetir los hechos y mientras escribo, algunos desaparecen, dejan de estar entre los demás. Importancia es lo que no se le dá a la vida. Los valores catastrales de los edificios aumentan y con ello su valor de mercado de compra - venta. Las gentes, a la inversa, se desmoronan causando una deprimente edad catastral de la vida..
(A mi amigo y vecino Pablo Hermo, que hoy cumple años)